A veces quisiera prender fuego a mi casa, solo por que el humo intoxicase la garganta de quien me ha escupido su nuez. Cáscara incluida. Luego la observo, en un espejo con unas manchas de rímel que, como yo, no sé cómo han llegado hasta ahí. Observo mi casa. Con sus tatuajes, los escogidos y los ajenos; con sus botones, los cosidos y los lunares; con sus gramos de más, sus litros de menos. Y no quiero cerillas, sino regaderas. Quiero limpiar mi casa, escribirle ventanas, dejarla preciosa y llenarla de orquídeas que se llamen como mis amigas.
Volver a los sábados de taller en @lailusabilbao se parece tanto a encontrar tu lugar en el mundo que no soy capaz de encontrar las siete diferencias. Eskerrik asko Bea, por hacernos sitio entre tus cafés y tus libros, por creer en mí. Y a quienes vinisteis a compartir mucho más que dos horas
