Orquídeas en obras


A veces quisiera prender fuego a mi casa, solo por que el humo intoxicase la garganta de quien me ha escupido su nuez. Cáscara incluida. Luego la observo, en un espejo con unas manchas de rímel que, como yo, no sé cómo han llegado hasta ahí. Observo mi casa. Con sus tatuajes, los escogidos y los ajenos; con sus botones, los cosidos y los lunares; con sus gramos de más, sus litros de menos. Y no quiero cerillas, sino regaderas. Quiero limpiar mi casa, escribirle ventanas, dejarla preciosa y llenarla de orquídeas que se llamen como mis amigas.

Los trozos favoritos de mis cuadernos de los últimos dos años están ya en imprenta. Jaio ha hecho de mi barro cerámica, Ann Loyr le ha dado un comienzo a mis nudos y Nekane ha hecho con mi voz un poema leído a demanda.

Hace ilusión publicar un libro. Tener amigas con talento que formen parte de él es otro nivel.

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