Os cogeremos al vuelo


Ese día no quise quedarme en bikini. Ni que se notasen esos rizos herencia de mi aita. Me alisé el pelo. Me perdí el mar. También pasé hambre. Un hambre de postguerra, uno que provoca arcadas, mareos, que hace que se caiga el pelo, se te rompan las uñas. Un hambre autoimpuesto.

Hace once años que sobreviví a esta foto, algunos menos que llevo con la tripa llena. Me costó entender que era una enfermedad. Y más aún comprender que no me la había causado yo. Que la había pillado como quien coge un catarro. Porque está en el aire. En los «qué guapa estás, ¿has adelgazado?», en las tallas imposibles de Amancio Ortega, en el audiovisual que nos hizo creer que Bridget Jones estaba gorda, en la cultura que hizo de la palabra gorda un insulto. En un patriarcado capitalista que nos quiere odiándonos. Y comprando para disimularlo. 

Ojalá hubiera estado entonces Lala Chus en prime time. Ojalá haber tenido las amigas que ahora tengo. Ojalá haber leído el feminismo que hoy escribo.

Por eso, a las que vengan detrás, estamos aquí para contaros que es una trampa. Que no caigáis. Y si lo hacéis, aquí están nuestras manos. Os cogeremos al vuelo.

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