Premio XXXI Concurso de Literatura Epistolar de Calamocha


MIS LUNARES

A la chica que lleva mis lunares:

Una mañana te verás gorda. Recordarás nítidamente ese momento el resto de mañanas. Será en el espejo del cuarto de ese hombre del que te has enamorado, ese que te tiene fregando sus platos mientras juega a la consola. Él se habrá ido a trabajar, después de haberte intentado bajar las bragas mientras dormías. Te dejará sola en su casa, en la que hace unos días hizo bromas sobre tu tripa, y te verás. Te verás como él te ve. Gorda. Pensarás que puedes arreglarlo, que basta con sustituir la hamburguesa de la cena por una ensalada. Y lo harás. Con esa disciplina tuya que podría sostener la dictadura de varios países, con esa capacidad de esfuerzo con la que sacas matrículas de honor, con ese perfeccionismo que aún no lo sabes, pero es un cuchillo que agarras por el filo. A la ensalada le quitarás el huevo duro dos semanas más tarde. Después el atún. En apenas unos meses, no habrá ensalada. Sólo hambre. Hambre como peaje para entrar en las tallas de lo aceptado, para hacer cosquillas a la mirada ajena. Para que te quieran. El hambre te durará más que ese novio, más que la carrera que estudias, más que la propia báscula. El hueso de tu clavícula se convertirá en una línea recta que ninguna camiseta disimulará, se te romperán las uñas y se te partirá el futuro. Una tristeza tan sólida como un frigorífico se te instalará en el esternón y te pesará hasta congelarte. Lo barrido bajo la alfombra te hará polvo. Tendrás tan pocas ganas de levantarte de la cama como calorías habrás ingerido al llegar la noche. Porque una mañana te viste gorda y ya no pudiste volver a mirarte.

Acabarás en una unidad de día, compartiendo un piso improvisado y comidas vigiladas con otras como tú, que se han herido hasta no reconocerse. Y entonces lo comprenderás. Que la ternura de tus iguales salva, que tu cuerpo es la casa que nunca pudo tirar el lobo, que tu piel tiene la talla exacta de tus músculos y tu cerebro es lo único que necesitas tener de tu parte. Que eres, y siempre has sido, más que suficiente. Será difícil, pero te recuperarás de una enfermedad que la sociedad te contagia para culparte de haberla contraído. Harás caso a tus terapeutas con esa fuerza de voluntad con la que una vez restaste ingredientes a la ensalada. Dejarás de castigarte por suspender un examen puesto por un patriarcado, que se burla por veros copiando unas a otras la respuesta incorrecta. Sin haceros las preguntas importantes. ¿Quién ha decidido cómo tenemos que ser? ¿Y si lo hacemos nosotras? ¿Y si lo hacemos juntas? Escribirás un libro sobre ello, darás charlas en institutos, cuidarás de las siguientes como tus compañeras te protegieron a ti. Buscarás tu reflejo en un escaparate cualquiera y te verás preciosa, con cada gramo recuperado. Echarás la vista atrás y todo lo que querrás es dar las gracias a tu versión pasada, por haber hecho cuanto podía. Por haber sido tan valiente. Por ser la elefanta que se da cuenta de que ha crecido y ahora puede romper las cadenas que antes no.

Serás una superviviente y te convertirás en la mujer que hoy escribe esta carta. Que por si no te has dado cuenta, es una carta de amor.

Tu yo de 2025,

A.

♀️

El XXXI Concurso de Literatura Epistolar de Calamocha me ha dado un premio por una carta a mis lunares. Y creo que no me reconozco en ninguna foto tan bien como Amanda Sánchez me pinta

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