Sábados de Ilusa


Desde que lo recuerdo, el verano ha sido un caballo de Troya. Llevaba, no sé si él o yo, el enemigo dentro. Para la niña que nunca tuvo pueblo, significaba meses sin amigas. Para la adolescente a la que no le gustaba la fiesta, sentirse fuera cada sábado a partir de las ocho. Para la universitaria que odiaba su cuerpo, una tortura que haría sonreír a la Inquisición. Para la adulta que vive de sus clases, el fin de curso. Quisiera juntar a todas mis versiones en este junio, decirles que ninguna estación resta vías cuando los trenes te los inventas tú. Que en los caminos ya hechos hay más barro que hierba, que mejor las yeguas que los caballos, que ni Helena provocó la guerra ni yo tengo la culpa de la mía. Que la historia puede cambiarse, que las mujeres lo estamos haciendo cada día. Que septiembre siempre llega.

Ayer se me olvidó leeros cómo me sentía, sin adjetivos, claro. Escribir nunca es solo escribir. Eskerrik asko por este y por el resto de sábados de librería y cariño. Antes de que sea otoño, nos volveremos a ver en La Ilusa con todo lo no escrito

 

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