
Me encanta esta foto por lo que sé de ella que no se ve. Que llevaba el vestido más bonito que nunca me ha tocado el cuerpo. Rojo, por supuesto, hay que ir a juego con las ideas y la boca. Que era la boda de mi mejor amigo con la mujer de sus cuentos. Que estaba dentro de una caja que jugaba a ser ventana, una que Jaio había inventado como fotomatón. Que ella me estaba mirando. Que fui tan feliz que se me olvidaron los días que no pude serlo.
Pensé que ojalá pudiera utilizarla como foto de DNI, pero se ponen tan serios con eso de la identidad quienes necesitan tenerla plastificada que no sería posible. Cómo suele suceder, había un futuro mejor detrás de una esquina que a es altura del camino parecía ininterrumpida pared.
Dentro de poco estará junto a una biografía que me ha costado escribir sin confundirla con un currículum o con lo que diría de mí si fuese al Diario de Patricia. Dentro de unos meses estará en la solapa de un libro que también me gusta por lo que sé de él que no se ve.