Hoy, que he dejado de ser joven para los abonos de metro, me dedico a escribir planetas en los que encajo. Hojas en las que Plutón aún es uno de ellos y yo te hago reír con una tontería que no he ensayado mientras me maquillo. Crecí entre acuerdos de custodia compartida, reparticiones de bienes y álbumes de cabezas recortadas. Perdí la mía en alguna foto que ni conservo y desde entonces siento que vivo con la piel de gallina en un mundo de peleas de gallos. Que mi ánimo es un auto de choque al que obligan a fingir ser tren y le culpan por descarrilar. Soy mujer en tiempos de vientres de alquiler, en verdad creo que no lo hago tan mal si no he quemado ninguna papelera cercana. Creo en el arte, en el amor como una casa donde mear con la puerta abierta y en mi perro como medida de bondad. Creo en la ciencia y en la ficción, en mis amigas para aprender a diferenciar ambas y en el barrio como red. En el barrio que compartimos.
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La semana pasada me dieron el Segundo Premio del XXVII certamen de Cartas de Amor de Leioa por la obra «Escalera interior» y la chica de dieciséis años que fui, que se empeñó en participar en concursos hasta que su currículum se pareciera a su biografía y sólo hablase de libros, sonrió orgullosa desde alguna parte. Desde una silla frente a mí, lo hacía @loidamusic, que tiene un cerebro con la misma forma que los bombones que nos regalaron. El premio se hace victoria al compartirlo con una amiga. Eskerrik asko por ser la mía
